jueves, 29 de enero de 2015

Mercado de Lágrimas.

Tengo una amiga que es la más tlaxcalteca de todas mis amigas. Ella fue testigo de todo el idilio. Ella dice que los amores cortos pesan demasiado. Por eso la quiero. Las dos amamos la política, la música de banda y a Julio Cortázar, no siempre en ese orden.

Ella llora con lo que yo escribo y me manda esto para que yo también llore: 

"Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con la medicación, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.

Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.

Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos... nah.

A lo que iba.

Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.

Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.

Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.

Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.

Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.

Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.

A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.

Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.

Haz ver que me olvidas.

Y me acabarás olvidando.

De verdad.


Y con esto marco un PUNTO Y FINAL!!!"

miércoles, 28 de enero de 2015

... aunque estemos destinados a no ser.

No es guapo ni feo. Podría decirse que es genérico; de esos que pasan desapercibidos sin esfuerzo. Esos son los peligrosos. El que menos ruido hace es el que tiene algo que grita para que voltees a verlo. 

No tiene una voz que te haga querer oírlo, pero cuando decía 'te quiero' parecía que el mundo entero se callaba y no había más remedio que escucharlo. Cuando me hablaba bajaba la voz, fingía misterio para hcerse el interesante, para imprimir dramtismo. 

Todavía me acuerdo de ese día. Jamás podré olvidar ese día. Su loción es horrible, huele a madera; la odio y la extraño tanto. Reacargó su cabeza en mi brazo y pasé mis dedos por su cabello, inhalé su olor, el mismo que me mareó cuando me abrazó un día antes (9 horas antes). No era la primera vez que decía que me quería, pero fue la primera vez que no necesité dudar de él. Había algo en sus ojos. Lo mismo que vi en otro 6 años antes. 

La última vez que escuché su voz habló con el mismo medio tono, bajando el volumen,  fingiendo ese raspón misterioso mientras decía: nunca olvides que te quiero. 

Esas cosas nunca se olvidan. No olvido sus palabras, sus links con canciones a la una de la mañana, confío plenamente en la casualidad de heberle conocido. Sé que no olvidaré que cuando yo decía algo tonto  giraba los ojos y hacía muecas para aguantar la risa porque así es él, mamón. No olvido que ponía su mano en mi cuello cuando caminábamos por la calle. 

No fue el amor de mi vida, ni de mis días ni de mi momento, pero recordaré siempre el único día que despertamos juntos. Todo alrededor era extraño, lo único familiar era estar con él. 


Hay personas que se cruzan en nuestro camino con el propósito de darnos propósito. Para que recordemos que somos pasión y que las mariposas que viajan por el cuerpo no están muertas, que se hacen presentes cuando menos lo esperamos. Pues lo quise y lo quiero, aunque estemos destinados a no ser. 


viernes, 23 de enero de 2015

H




Las H's son mudas, eso cree la gente que no tiene una H cerca. Pero la realidad es que las H's dicen tanto que abruman.

Las H' hacen hervir el cuerpo. Pero también se convierten en el más frío hielo de un instante a otro.

Las H's hechizan el alma, dejan huella. Siempre dejan huella.

Las H's hieren, hipnotizan; huyen.

Hoy se escribe con H.


Mañana, quién sabe.


jueves, 15 de enero de 2015

"¿Qué otra cosa puedo hacer que no sea escribir y soñar?" (JLB)




Muchas veces (muuuchas) he sentido que dejo pasar las mejores ideas, las mejores líneas, por mi terrible maña de procrastinar. ¿Se acuerdan que hace casi cuatro años dije que volvería a escribir? ¿Pues qué creen? Que no. No lo hice. A veces pienso que para este momento, bien podría tener publicadas 6 novelas, 263 cuentos, 1764398 artículos, ser exitosa, millonaria y vivir de mis rentas (o mis escritos, pues). Pero no, decido ver la vida pasar. Decido comprar la idea de que el hilo negro no se va a reinventar y que no tengo nada bueno que aportarle al mundo de las letras.

Tal vez tenga razón. Tal vez no. Tal vez sólo debo escribir porque algo dentro de mí se mueve como bailarina de perreo intenso cada que se me ocurre esa “gran idea”. Si bien mi chamba consiste en escribir, en generar conceptos y frases ganadoras, decidí guardar la pluma que creaba esas líneas que sólo a mí me hacen feliz. Fue por ahí del 2009; finales.

Sin embargo, 2014 fue un año de encontrones con la realidad. Me cayeron tantos veintes metafóricos que, de haber sido literales, le estaría haciendo la competencia a Slim en la lista de Forbes. El último cuatrimestre fue una revolución. Me permití equivocarme como nunca antes y aprendí en cuatro meses lo que no había aprendido en casi tres décadas de vida. Me di cuenta que hay personas que sólo están de paso, pero que su misión no es otra que la de ayudar a conocerte. Decidí tomar de ellas lo bueno y desechar lo malo, aunque eso significara no guardar el empaque.

Me arriesgué. Me permití querer con pasión, alma y cuerpo sin importar que durara sólo unos días, o fuera para toda la vida.

Acepté que la distancia es un adjetivo relativo que usamos para justificar nuestras fallas.

Descubrí que el amor se intensifica cuando valoras los pequeños encuentros y te olvidas de las ausencias.

Añadí experiencias al baúl del “me acuerdo” y vacié tanto pude el de “me imagino”.

Sumé y resté compañeros de viaje.

Retomé la terapia; en sólo tres sesiones, mi loquera ha logrado que me cuestiones y me enfrente conmigo misma muchas más veces que los 12 (sí, ¡doce!) gurús, psiquiatras, psicoanalistas y demases que me trataron a lo largo de mi vida.


Volví a escribir.