- Me gustas desde hace mucho.
- ¿Desde cuándo?
- Sabes perfecto desde cuándo.
- No, no sé. Dime.
- Lo sabes, por eso te quiero.
- No digas que me quieres.
- ¿Por qué no?
- No digas nada que no sientas realmente.
- Te quiero, D. Te quiero.
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- ¿Cuándo nos veremos? - preguntó H.
- Mmm, no sé. Cuando coincidamos, supongo.
- ¿Ah, sí?
- Así, tal cual.
- Ok, pero...
D. habló casi interrumpiéndolo - Si seguimos actuando como si no
nos importara estar juntos, tiene que ser así. Yo haría todo por verte pero,
¿de qué serviría?
- Pero yo te quiero, te quiero mucho.
- Lo dices tanto que casi te creo.
- Créelo.
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- ¿Me extrañas?
- Siempre, - contestó D. - ¿Tú me extrañas?
- Mucho más de lo que te imaginas, te lo aseguro, Quiero estar
contigo en la carretera...
- ¿A dónde vamos?
- A donde sea.
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- Siento que nunca volveré a verte.
- Sí nos veremos, hermosa, lo prometo.
- No prometas.
- ¿Por qué no?
- Me gusta más cuando coincidimos. Si lo prometes, tendrías que
cumplirlo y lo nuestro nunca ha tenido que ser.
- No, pero ha sido.